martes, 5 de febrero de 2008

La tierra tira mucho...


Muchos pondrán el grito en el cielo cuando les diga que hemos comprado (bueno, a fecha de hoy, aún no hemos dado ningún paso oficial, pero todo indica que así será) una casa en un pueblo en el que sólo 6 personas pasan el invierno.


A mí siempre me ha gustado la historia, y especialmente la de mi familia, así que es normal que me entusiasme la tierra que los vio crecer. Pero nunca me había planteado tener una casa o vivir allí hasta que vi que mis hijos sentían ese mismo entusiasmo. Mis padres siempre decían que cuando llegaban a su tierra, se les pasaban todos los males; bien, pues a mí me pasa lo mismo, y parece ser que los niños sienten algo parecido. No hay que ignorar estas cosas.

Hacía muchos meses que tonteaba con la idea de encontrar la manera de vivir en un pueblo. En realidad, debería hablar de años, concretamente desde que visitamos la Provenza en 1994: allí nos hospedamos en casa de los amigos de unos amigos que vivían en un pueblecito que no tenía ni horno, pues el pan lo traían en una furgoneta "dos caballos". Sin embargo, la pareja tenía trabajo fuera del pueblo y vivía la mar de bien. Desde entonce soñé con compaginar los dos mundos, el urbano, que representa el "progreso", y el rural, que evoca la autenticidad en nuestra vida. 

Desde hace unos meses, he estado yendo de enlace en enlace viendo propiedades por todo Aragón, sobretodo La Franja, porque pensaba que quizás esa zona tendría más sentido, siendo como soy nacida y criada en Barcelona. La Franja es la frontera entre Aragón y Cataluña, y pensaba que así mantendría los vínculos con los dos mundos en los que pasé mi infancia. Sin embargo, el destino quiso que la única vez en la que me he visto empujada a dar el paso de contactar a un propietario que vendía una casa por un precio asequible para nosotros fuera en una población de la Sierra de Cucalón, muy cerquita de Lanzuela y Herrera de los Navarros, los pueblos de nuestros antepasados.

Estas cosas pasan así: sin casi darte cuenta, sin esperarlo, se presenta una oportunidad que, de repente te das cuenta, no debes dejar pasar; que sabes que no se repetirá y que de no aprovecharla, muy probablemente, te arrepentirás.

El hecho de que José, el propietario, nos diera tan buenas vibraciones desde un principio ha sido fundamental en nuestra decisión. Muchas veces le comenté a amigos en Estados Unidos o España que, desgraciadamente, nuestra generación no iba a poder tener lo que mis padres tuvieron: nada menos que dos residencias de verano, porque el alquiler de su vivienda habitual se lo permitía. Al encontrar la casa que José vendía, vi la oportunidad en letras de neón.

Claro que la casa necesita mucho trabajo y dinero, pero aún así, es una vivienda que no podríamos tener en ninguna capital de provincia y menos por ese precio. Pero, ¿quién quiere vivir en una capital de provincia? Sinceramente, nuestras experiencias de los últimos años nos han llevado a darnos cuenta de que, realmente, no existe calidad de vida en las ciudades medianas y grandes, o por lo menos, no para las familias con hijos en edad escolar.

Vamos a ver cómo progresa el asunto. Os invitamos a acompañarnos en este "viaje" de vuelta a nuestras raíces y al sistema de vida tradicional.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Marisa y familia.
Me ha sorprendido muchísimo vuestra decisión de comprar una casa en Bea y el hecho de plantearse el ir a vivir allí.
Yo opino igual que tu y digo que la calidad de vida no esta en las grandes ciudades ni grandes núcleos urbanos. Pero también digo que tampoco la encuentras en lugares tan desfavorecidos como muchos pueblos de Aragón. HAY QUE EQUILIBRAR LA BALANZA!!! Pensando en la familia, creo que hay que pensar en un Colegio, att!! sanitaria para todos, amigos con los que jugar...etc. Pienso que tienes cientos de pueblos en Aragón más accesibles, mejor posicionados geográficamente y con más accesibilidad para los diferentes servicios. Concretamente Bea, lo veo para pasar unos dias en verano. joselín (gomezgon@telefonica.net)